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Los hermanos Mac Allister compraron Vuriloche, la emblemática Quinta de Swinnen

Redacción - 07 febrero, 2023

La emblemática propiedad fue eje de reuniones de la sociedad pampeana durante varias décadas. 

La emblemática Quinta de Swinnen se puso a la venta desde hace algún tiempo por decisión de la familia del reconocido arquitecto pampeano y fue comprada por un fideicomiso integrado por integrantes de la familia Mac Allister que presentó la mejor oferta.

 

Alexis, el campeón del mundo, y sus hermanos Francis y Kevin, son los compradores de la histórica propiedad que fue un hito desde 1967 en el camino a Toay. Según consignó La Arena, desde hace algunas semanas se puede ver que se están haciendo ampliaciones y refacciones en Vuriloche: se cambiará el techo que presentaba algunas deficiencias y las habitaciones tendrán su baño en suite.

 

Además, la empresa a cargo del acondicionamiento está atenta a otras modificaciones que llevarán todavía algún tiempo hasta que quede como los hermanos pretenden.

 

En tanto, aún no está confirmado si la propiedad conservará el nombre de Vuriloche. Habrá que ver si los nuevos propietarios disponen continuar con esa denominación o si resuelven darle un nuevo nombre.

 

Los Mac Allister -Alexis que juega en Inglaterra; Francis en Rosario Central; y Kevin en Argentinos Juniors- parecen seguir el rumbo de sus mayores también futbolistas profesionales, «El Colo» (Carlos Javier) y «El Pato» (Carlos Patricio). Quienes en su momento también eligieron emprender en La Pampa y son una de las familias tradicionales. 

 

La historia de Vuriloche

La quinta Swinnen se podía ver en el camino entre Santa Rosa y Toay durante varias décadas. La propiedad albergó por muchos años a la familia del arquitecto nacido en Bélgica, pero nacionalizado en la La Pampa, que un día visitó la provincia por trabajo se enamoró de nuestra tierra y decidió quedarse a vvir. 

 

Santiago Eduardo Swinnen fue un vecino destacado de La Pampa y distintas obras llevan su impronta, como por ejemplo el frente de la Catedral santarroseña. El profesional había llegado a nuestro país cuando solamente tenía tres años porque su padre, que era director de Algodonera Flandria, vino a hacerse cargo de la empresa textil radicada en Jáuregui.

 

El matrimonio Swinnen llegó a Jáuregui, cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial, regresó por algún tiempo a su país y finalmente tomó la decisión de volver a Argentina para radicarse definitivamente. Fue así que uno de sus ocho hijos, Santiago Eduardo, cursó sus estudios de Arquitectura en la UBA. En el interín el joven conoció a Nelly Gladys, que estudiaba Letras, y luego de algunos meses contrajeron matrimonio y tuvieron con el tiempo siete hijos. Todos conocidos profesionales en distintas áreas.

 

Santiago Swinnen y su esposa decidieron instalarse en Santa Ros cuando comenzó a trabajar en la empresa que construía el Centro Cívico -fines de los ’50 y primeros años de los ’60-, cuya estructura resultaba una traza pensada por el arquitecto Clorindo Testa.

 

Swinnen fue ganando prestigio y llevó adelante proyectos de manera particular dejando su impronta creativa en distintas obras, como por ejemplo el frente de la Catedral de Santa Rosa. En esas épocas solamente había en la ciudad otros dos profesionales de la Arquitectura, Eduardo Rodríguez Pozo y Luis Tierno.

 

Ya absolutamente consustanciado con la ciudad y su gente los Swinnen resolvieron que se quedarían definitivamente y, un poco pensando en eso, compraron a la familia Alonso dos hectáreas de un terreno ubicado entre Santa Rosa y Toay por entonces inhóspito y bien alejado de las zonas pobladas. Santiago se había visto atraído por esas dunas pintorescas que se alzaban a la vera del camino que unía a la capital provincial de la localidad ubicada a apenas 11 kilómetros y pensó que allí iba a construir su casa.

 

En esa época la familia alquilaba una vivienda ubicada sobre Entre Ríos y Avenida Spinetto hasta que en noviembre de 1967 se mudó a la quinta, ya eran por entonces seis hijos e instalados todos en el nuevo domicilio nacería la séptima integrante de la familia.

 

De a poco, en parte por el prestigio de Santiago en su condición de arquitecto y también por la natural inserción del resto del grupo familiar en la sociedad capitalina -sobre todo porque los hijos concurrían a escuelas santarroseñas-, los Swinnen pasaron a ser muy conocidos y su enclave entre los médanos una alusión ineludible cuando había algún tema que girara en torno al trayecto entre Santa Rosa y Toay. Como quedó dicho, si había que hacer alguna referencia en torno a ese camino era común mencionar de "la quinta de Swinnen para… " Es más, la cercana glorieta que hoy mismo divide las jurisdicciones de las dos localidades era reconocida como «la rotonda de Swinnen».

 

«Vuriloche», que así designó su propietario al inmueble mentando una frase aborigen que quiere decir algo así como «más allá del médano», ha sido desde 1967 parte de un paisaje fácilmente reconocible

 

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