Canal Beagle | Científicos registraron un aumento de ballenas jorobadas y sei en las aguas fueguinas
Redacción - 09 marzo, 2026
Investigadores del CADIC-CONICET confirmaron más avistajes de cetáceos en el Canal Beagle, especialmente ballenas jorobadas y sei, que llegan cada verano para alimentarse en uno de los ecosistemas marinos más australes del continente.
En los últimos años, la presencia de ballenas dejó de ser un hecho aislado en el Canal Beagle y pasó a repetirse con mayor frecuencia. Investigadores, navegantes y operadores turísticos reportaron cada temporada más encuentros con estos cetáceos en las aguas cercanas a Ushuaia, un fenómeno que despertó interés científico y también turístico en el extremo sur del país.
Estudios del Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC-CONICET) registraron principalmente ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae) y ballenas sei (Balaenoptera borealis). Durante el verano austral, estos animales ingresan al canal atraídos por la abundancia de krill y pequeños peces, lo que convierte a la zona en un área clave para su alimentación antes de continuar sus rutas migratorias por el Atlántico y el Pacífico sur.
Los investigadores identificaron además cerca de 200 ejemplares distintos de ballena jorobada mediante técnicas de fotoidentificación, que reconocen a cada animal por las marcas únicas de su cola. Ese seguimiento, realizado durante más de una década, permitió detectar que algunos individuos regresaron en distintas temporadas y permanecieron varios días en el área.
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En los registros recientes también apareció con mayor frecuencia la ballena sei, una especie que sufrió una intensa caza durante el siglo XX. Los científicos interpretaron su presencia como parte de la recuperación de poblaciones tras la prohibición internacional de la caza comercial.
Especialistas indicaron que el Canal Beagle funciona como un punto estratégico dentro de las rutas migratorias de los cetáceos del hemisferio sur. Sus aguas frías y ricas en nutrientes ofrecen condiciones adecuadas para alimentarse y descansar durante los desplazamientos entre áreas de reproducción y alimentación.
El monitoreo científico se complementó además con un proyecto de ciencia ciudadana, que reunió fotografías aportadas por tripulaciones turísticas, fotógrafos y residentes de la zona. Ese material amplió la base de datos que permitió seguir los movimientos de los animales y reconstruir la historia de vida de muchas ballenas que visitaron el canal.
La bióloga Natalia Dellabianca, investigadora del CADIC-CONICET, explicó que el aumento de avistajes se registró de forma sostenida durante la última década. El seguimiento científico confirmó que algunas ballenas regresaron al canal en diferentes temporadas y permanecieron más tiempo en el área.
La especialista también advirtió que la mayor presencia de cetáceos exige conductas responsables durante los avistajes. Según explicó, muchas ballenas se concentran en el canal mientras se alimentan o se desplazan para evitar a depredadores como las orcas, por lo que resulta clave evitar interferir con su comportamiento natural.
Para los científicos, el regreso de estos animales también refleja una señal positiva para el ecosistema marino subantártico. Diversos estudios mostraron que los registros de cetáceos fueron escasos durante gran parte del siglo XX, pero comenzaron a crecer en las últimas décadas junto con la recuperación de las poblaciones de ballenas.
Además del interés ambiental, el fenómeno abre nuevas oportunidades para la investigación. Las ballenas jorobadas son consideradas especies “centinelas”, ya que su comportamiento permite detectar cambios en el ambiente marino y evaluar el estado de salud del ecosistema.
Con cada nueva temporada de avistajes, el Canal Beagle se consolida como uno de los escenarios naturales más relevantes del sur del continente para observar el regreso de las ballenas al extremo austral del planeta.
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