Un muralista de Bariloche lleva 30 meses en México y proyecta trasladar sus aprendizajes a la Patagonia
Redacción - 01 octubre, 2026
René Vargas Ojeda viajó para realizar un taller de pintura al fresco y prolongó su estadía con trabajos y nuevas capacitaciones. En Oaxaca incorporó conocimientos de grabado y cerámica que espera compartir cuando regrese a su ciudad.
Un curso de 15 días fue el punto de partida de una experiencia que ya se extiende por dos años y medio. El muralista barilochense René Vargas Ojeda, de 37 años, llegó a México para estudiar pintura al fresco con Jesús González Gutiérrez y tenía previsto quedarse alrededor de un mes. Sin embargo, las posibilidades de formación y los encargos artísticos modificaron sus planes: se instaló en Oaxaca, donde continuó pintando y comenzó a explorar otras disciplinas.
Del taller de pintura a los encargos de murales
La pintura al fresco utiliza pigmentos diluidos en agua sobre una superficie de mortero de cal todavía húmeda. Vargas Ojeda eligió México por la tradición de esa técnica, presente en murales prehispánicos, pero su búsqueda pronto se amplió al grabado y la cerámica de barro cocido. Para sostener la estadía, recurrió a intercambios de murales por comida y alojamiento, trabajó en el armado de puestos de una feria en Chiapas y consiguió encargos remunerados. Entre ellos, pintó en un bar de Mazunte, sobre la costa del Pacífico, y recibió pedidos de cuadros y otras intervenciones.
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El contacto con las comunidades también cambió su manera de abordar cada obra. Antes de pintar, el artista conversa con los vecinos, registra imágenes e investiga las referencias culturales del lugar para que quienes conviven con el mural puedan reconocerse en él. En un jardín de infantes de la zona mixteca de Oaxaca, trabajó junto a los niños sobre la leyenda del conejo en la luna; en Santa María Atzompa, participó de un encuentro dedicado a la tradición alfarera. Actualmente, además de producir sus primeras piezas de barro, colabora en la construcción de un horno para una comunidad serrana, pensado para facilitar el trabajo cerámico y generar una alternativa económica.
El proyecto de volver y representar la historia de Bariloche
Aunque todavía no tiene una fecha de regreso, Vargas Ojeda imagina una propuesta de producción gráfica en Bariloche que recupere la historia y la identidad local. Su interés se nutre de los talleres de grabado mexicanos y de la relación entre el arte y la organización comunitaria. También observa diferencias en las condiciones de trabajo: mientras en México encuentra colores brillantes y temas ligados a las mitologías, los muertos o la producción de mezcal, en su ciudad el clima limita la pintura de murales durante buena parte del año y favorece el trabajo de cuadros en interiores durante el invierno.
Antes del viaje, el artista daba clases de comunicación en escuelas de Bariloche, trabajaba en la construcción y desarrollaba su producción de cuadros y murales. En Oaxaca, destacó el acceso a capacitaciones gratuitas con maestros reconocidos internacionalmente en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca y el Centro de Artes de San Agustín, instituciones vinculadas al legado de Francisco Toledo. Esos espacios de formación, junto con los trabajos realizados en distintas comunidades, alimentan los conocimientos que espera compartir en la Patagonia.
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